Aprendiendo a los golpes

Ahí va de nuevo la roca que recién acabo de subir a la cima de esta montaña. Ahí va ella, rodando hacia un abismo tenebroso y oscuro donde apenas llega la luz del sol. Cualquiera experimentaría una pena sobrecogedora de pensar en que hay que regresar caminando hasta abajo y echar a andar el camino hasta la cima —una vez más— con la roca como compañera. Así ha sido desde hace mucho tiempo y presiento que así será por mucho más tiempo.