Traducción propia

Tengo tres razones para querer compartir en este blog mis propias traducciones literarias. La primera es para compartir la literatura que aprecio y porque considero necesario que deba facilitarse el acceso a la literatura extranjera. La segunda es porque, a pesar de que quiera compartir tanta literatura extranjera como sea posible, los derechos de autor impiden la reproducción no autorizada de material protegido. Aquí entran las traducciones, pues son un trabajo de «creación poética», como ya ha dicho Octavio Paz (164). La última razón tiene que ver con mi afición personal a los idiomas, en especial el ruso, el cual estoy aprendiendo por cuenta propia, además del rumano. También tengo mucho interés en otros idiomas europeos y asiáticos, como el polaco, el lituano y el mandarín.

Así, pues, el esfuerzo al que quiero aventurarme es hasta cierto punto un ejercicio personal de traducción, principalmente de la literatura rusa, que es con la que estoy familiarizándome actualmente.

Debo advertir dos cosas. En primer lugar, no he estudiado para ser traductor ni poseo ninguna certificación que demuestre que manejo cualquier idioma con fluidez. En segundo lugar, estoy seguro de que las traducciones que aparezcan en este blog no tienen la misma calidad literaria que cualquier otra persona que haya dedicado su vida a traducir literatura profesionalmente.

Estoy consciente de que la traducción literaria es una labor que no está exenta de dificultades, en especial para alguien como yo. Una de ellas es que el traductor debe «acortar distancias entre un texto y otro» (Castillo Cofiño 728), de tal manera que quien lea el texto traducido perciba la misma impresión poética que si pudiera leer el original. Por otro lado, todo traductor debe tener en cuenta (Nord 99) la función de la traducción (¿cuán fiel hay que ser al original?), la distancia cultural (¿el lector de lo traducido puede ser solo un observador de un mundo diferente al suyo o puede ser partícipe de un mundo más cercano?), la relación forma-efecto (¿los rasgos estilísticos del texto deben mantenerse o adaptarse a la norma de la cultural terminal?), la coherencia textual, la caracterización de los personajes (es decir, si se comportan o hablan según su estrato social) y el efecto sonoro del texto.

Estas y muchas otras dificultades hacen de la traducción literaria una profesión muy importante y delicada en la transmisión de la cultura de otros países a través de la literatura. Por ello quiero asegurar que, aunque las traducciones que ofrezco no tengan la calidad de los académicos que se dedican a esto, quiero que el trabajo que hago aquí sea un pequeño aporte a la difusión de la literatura en lengua extranjera.

Foto tomada por Dmitry Ratushny de Unsplash

Lista de traducciones:

  • Algo personal (1873), Fiódor Dostoievski
  • El cocodrilo (1865), F. D.
  • Noches blancas (1848), F. D.
  • Parte del primer «otoño de Bóldino» (1830) de Aleksandr Pushkin
    • Pequeñas tragedias
    • La historia del pueblo de Goriújino
    • La casita de Kolomna
    • Los relatos del difunto Iván Petróvich Belkin
  • La muerte de Iván Ilich (1886), León Tolstoi
  • El padre Sergio (1898), L. T.

Referencias

  • Castillo Cofiño, Rosa, «La traducción poética y sus problemas», en Martín-Gaitero, Rafael (ed.),V Encuentros Complutenses en Torno a la Traducción (22-26 feb., 1994), Madrid: Editorial Complutense, 1995, pp. 727-730, ISBN: 84-89365-040.
  • Nord, Christiane. «La traducción literaria entre intuición e investigación», en Raders, Margit; Sevilla, Julia (eds.), III Encuentros Complutenses en Torno a la Traducción (2-6 abr., 1990), Madrid: Editorial Complutense, 1993, pp. 99-109, ISBN: 84-7491-468-X.
  • Paz, Octavio. «Traducción: literatura y literalidad», en Scholz, László (ed.), El reverso del tapiz: Antología de textos teóricos latinoamericanos sobre la traducción literaria, Budapest: Editorial Eötvös József, 2003, pp. 157-166, ISBN: 963-9316-71-7.